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    El gasto energético por actividad física es un concepto clave para comprender cómo el cuerpo utiliza la energía a lo largo del día. Muchas personas asocian el gasto energético únicamente con el ejercicio, pero en realidad intervienen varios factores que determinan cuántas calorías necesita y consume el organismo.

    Conocer estas variables permite entender mejor cómo funciona el cuerpo, cómo planificar la alimentación y cómo adaptar los hábitos de vida para alcanzar objetivos de salud, rendimiento o bienestar.

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    Variables de gasto energético que influyen en el organismo

    El gasto energético total no depende de un solo elemento, sino de la suma de diferentes procesos fisiológicos. Entre los más importantes se encuentran el metabolismo basal, la actividad física, la acción dinámica específica de los alimentos y el crecimiento. Cada uno de estos factores cumple una función específica y contribuye de manera diferente al consumo diario de energía.

    Comprender estas variables ayuda a interpretar mejor el gasto energético por actividad física dentro del contexto global del funcionamiento del cuerpo.

    Metabolismo basal: la energía que el cuerpo necesita en reposo

    El metabolismo basal representa la cantidad mínima de energía que el organismo necesita para mantenerse con vida en reposo. Incluso cuando una persona está durmiendo o sin realizar movimientos, el cuerpo sigue trabajando. Así mantiene procesos como la respiración, la circulación sanguínea, la actividad cerebral y la regulación de la temperatura.

    Este componente suele representar la mayor parte del gasto energético diario. Factores como la edad, el sexo, la composición corporal y la genética influyen directamente en el metabolismo basal. Por ejemplo, las personas con mayor masa muscular tienden a tener un gasto basal más elevado, ya que el tejido muscular requiere más energía para mantenerse activo.

    Entender este punto permite poner en perspectiva el gasto energético por actividad física, ya que el ejercicio se suma a una base energética que el cuerpo ya necesita para funcionar.

    Actividad física: la variable más cambiante

    La actividad física es el factor más variable del gasto energético. Incluye no solo el ejercicio estructurado, como entrenar en el gimnasio o practicar un deporte, sino también las actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas.

    El gasto energético asociado a la actividad física depende de la intensidad, la duración y la frecuencia del movimiento. También influyen el peso corporal y el nivel de condición física de cada persona.

    Por este motivo, dos personas pueden realizar la misma actividad y tener un gasto energético diferente. El cuerpo se adapta al entrenamiento con el tiempo, lo que puede modificar la eficiencia y el consumo energético en determinadas actividades.

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    Acción dinámica específica: el gasto de la digestión

    Otro elemento importante es la acción dinámica específica, también conocida como efecto térmico de los alimentos. Este concepto hace referencia a la energía que el organismo utiliza para digerir, absorber y metabolizar los nutrientes.

    Aunque suele representar un porcentaje menor del gasto total, sigue siendo relevante dentro del equilibrio energético diario. Además, el tipo de alimento influye en este proceso, ya que las proteínas, por ejemplo, requieren un mayor gasto energético para su digestión en comparación con los carbohidratos o las grasas.

    Este proceso demuestra que el cuerpo consume energía incluso en momentos en los que aparentemente no se está realizando actividad física.

    Crecimiento: una variable clave en determinadas etapas

    El crecimiento es otra variable del gasto energético que resulta especialmente importante en la infancia, la adolescencia y en situaciones específicas como el embarazo.

    Durante estas etapas, el organismo necesita energía adicional para formar nuevos tejidos, desarrollar estructuras corporales y sostener procesos anabólicos. Este aumento en la demanda energética explica por qué los requerimientos nutricionales cambian según la edad y el momento vital.

    Aunque en la edad adulta el impacto del crecimiento es menor, sigue existiendo un gasto energético asociado a la renovación celular y al mantenimiento de los tejidos.

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    Comprender el gasto energético para mejorar la salud

    El gasto energético por actividad física no puede analizarse de forma aislada. Forma parte de un sistema en el que intervienen el metabolismo basal, la digestión y los procesos de crecimiento o regeneración.

    Comprender estas variables permite tomar decisiones más informadas sobre alimentación, entrenamiento y hábitos de vida. También ayuda a establecer objetivos realistas y a mantener una relación más consciente con el cuidado del cuerpo.

    Cuando se entiende cómo funciona el gasto energético, resulta más sencillo adaptar el estilo de vida a las necesidades reales del organismo y avanzar hacia un bienestar más sostenible y equilibrado.