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    La hidratación en verano se convierte en una necesidad más urgente que en cualquier otra época del año. Las temperaturas altas, el sudor y la exposición al sol aumentan la cantidad de líquido que tu cuerpo pierde cada día. Y esa pérdida tiene consecuencias directas sobre tu rendimiento físico, tu concentración y tu salud. La pregunta no es si debes beber más agua en verano. La pregunta es cuánta. Aquí encontrarás la respuesta concreta, basada en tu peso y en los factores que realmente modifican tus necesidades de hidratación.

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    ¿Por qué la hidratación en verano exige más que el resto del año?

    En verano, el cuerpo pierde más agua que en cualquier otra estación, principalmente a través del sudor. Esta pérdida puede superar los 2 litros por hora en condiciones de calor extremo o durante la práctica de ejercicio físico, según datos del American College of Sports Medicine.

    El sudor es el mecanismo que usa el organismo para regular la temperatura corporal. Cuando hace calor, sudas más. Y cuando sudas más, necesitas reponer más líquido. Si no lo haces, la sangre se espesa, el corazón trabaja con mayor esfuerzo y la concentración disminuye. Con una pérdida de apenas el 2% del peso corporal en forma de agua, el rendimiento físico y cognitivo ya se ve afectado de forma medible.

    El calor también aumenta la frecuencia respiratoria, lo que añade otra vía de pérdida de agua que muchas personas no tienen en cuenta. Respirar en ambientes secos y calurosos contribuye a la deshidratación de forma continua, incluso cuando no hay sudoración visible.

    ¿Cuánta agua debes beber según tu peso en verano?

    La fórmula más extendida para calcular cuánta agua debes beber según tu peso es de 35 mililitros por kilogramo de peso corporal al día en condiciones normales. En verano, ese valor sube hasta los 40-45 ml por kilogramo, dependiendo de la temperatura y tu nivel de actividad.

    Estos son los rangos de hidratación en verano recomendados según el peso corporal como punto de partida orientativo:

    • 50 kg: Entre 1,75 y 2,25 litros al día en condiciones normales. En verano, se recomienda llegar a los 2,25-2,5 litros mínimo.
    • 60 kg: Entre 2,1 y 2,4 litros en condiciones normales. En verano, el objetivo sube a 2,5-2,7 litros diarios.
    • 70 kg: Entre 2,45 y 2,8 litros en condiciones normales. En verano, la recomendación se sitúa entre 2,8 y 3,15 litros.
    • 80 kg: Entre 2,8 y 3,2 litros en condiciones normales. En verano, el mínimo recomendado asciende a 3,2-3,6 litros.
    • 90 kg: Entre 3,15 y 3,6 litros en condiciones normales. En verano, se aconseja llegar a los 3,6-4 litros diarios.
    • 100 kg o más: A partir de este peso, el cálculo individual cobra más relevancia. La base sigue siendo 35-45 ml por kilogramo, aunque la proporción de masa muscular frente a grasa corporal puede modificar el resultado.

    Estos valores son orientativos y no incluyen solo el agua que bebes en vaso. El agua que obtienes de los alimentos también cuenta. Las frutas y verduras de temporada, como el melón, la sandía, el pepino o la lechuga, tienen un contenido de agua superior al 90% y pueden aportar entre 0,5 y 1 litro adicional de líquido al día.

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    Factores que modifican tus necesidades de hidratación en verano

    El peso es solo el punto de partida. Varios factores aumentan o reducen la cantidad de agua que necesitas en verano. Conocerlos te permite ajustar tu ingesta de forma más precisa y evitar tanto la deshidratación como el exceso de líquidos.

    La actividad física

    Hacer ejercicio en verano puede duplicar tus necesidades de agua. Durante una sesión de entrenamiento de intensidad moderada en condiciones de calor, el cuerpo puede perder entre 0,5 y 2 litros de sudor por hora. La recomendación general es beber 500 ml en las dos horas previas al ejercicio y entre 150 y 250 ml cada 15-20 minutos durante la actividad.

    La temperatura y la humedad ambiental

    A mayor temperatura y humedad, mayor pérdida de líquidos. En días con temperaturas superiores a 35 °C y humedad alta, las necesidades de hidratación pueden aumentar un 20-30% respecto a un día templado. El calor seco también deshidrata, aunque el sudor se evapora más rápido y puede resultar menos perceptible sobre la piel.

    Tu alimentación

    Una dieta alta en sal, proteínas o ultraprocesados aumenta las necesidades de agua. El sodio estimula la sed y obliga a los riñones a trabajar más para eliminar el exceso. Por el contrario, una alimentación rica en frutas y verduras frescas reduce la cantidad de agua que necesitas beber de forma directa.

    El consumo de alcohol y cafeína

    El alcohol y la cafeína tienen efecto diurético y aumentan la pérdida de agua. Cada bebida alcohólica consumida en verano incrementa tus necesidades de hidratación. La recomendación es beber un vaso de agua por cada copa de alcohol. El café y el té también tienen efecto diurético, aunque moderado: no es necesario suprimirlos, pero sí tenerlos en cuenta en el cálculo diario total.

    Tu estado de salud o medicación

    Algunas enfermedades y medicamentos modifican directamente las necesidades de hidratación. Los diuréticos, utilizados en el tratamiento de la hipertensión o la insuficiencia cardíaca, aumentan la eliminación de líquidos. Las personas con insuficiencia renal, en cambio, pueden necesitar restringir el consumo de agua. Si tienes alguna condición médica activa, consulta con tu médico cuál es tu necesidad real.

    Señales de que tu hidratación en verano no es suficiente

    La sed es el primer indicador de deshidratación, pero no el más fiable. Cuando tienes sed, tu cuerpo ya lleva un tiempo con un déficit de líquidos. En personas mayores, la sensación de sed puede estar disminuida, lo que convierte la hidratación en un hábito activo y no reactivo.

    El color de la orina es uno de los indicadores más precisos y accesibles del estado de hidratación. Una orina amarilla pálida indica una hidratación correcta. Una orina oscura, de color ámbar o marrón, indica que debes beber más agua. Una orina completamente transparente puede señalar un consumo excesivo de líquidos, aunque esto es poco frecuente en la práctica.

    Otros síntomas que indican una hidratación insuficiente son el dolor de cabeza, el cansancio sin causa aparente, la boca seca, los mareos al levantarse o la disminución del rendimiento físico y mental. En días de mucho calor, estos síntomas pueden aparecer en pocas horas si no mantienes una ingesta constante a lo largo del día.

    Distribuir el consumo de agua a lo largo del día es más efectivo que intentar recuperar el déficit de una sola vez. Una estrategia práctica es beber un vaso al levantarte, uno antes de cada comida y uno antes de acostarte, y ajustar el resto según la temperatura y la actividad física del día.

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